Crítica

He tenido el privilegio de contemplar los trabajos del artista Xavier Escala y me he tomado la libertad de emitir un juicio personal sobre su obra: son esculturas que beben de diversas fuentes de las que la tradición mediterránea es predominante. Al igual que escultores anteriores, como Manzú o Marini, Xavier Escala estudia y conoce a fondo la escultura griega clásica y etrusca, pero también el modo de concebir el volumen propio de los egipcios (Soliloquium). Tales influencias las ha hecho suyas, asimilándolas y creando una obra singular y totalmente personal.

La preocupación del escultor por el trasfondo metafísico que hay en el ser humano se refleja en toda su producción. Esta inclinación suya se expresa, especialmente, en algunas composiciones en donde individuos anónimos, a la vez que colectivos, aparecen como aislados y ensimismados. También en otras composiciones donde aparecen individuos ligados a elementos arquitectónicos o que son, ellos mismos, como arquitecturas vivientes, atravesados por ventanas… La vacuidad de los individuos de la que nos habla no es, en absoluto, nihilista sino espiritual y metafísica.

La escultura es, para éste artista, además de un bello y noble oficio, una forma o camino de autoconocimiento interior. Es notorio también su interés por el simbolismo con reminiscencias mitológicas y sapienciales del mundo antiguo, de éste ámbito toma el motivo del juego dual de la energía universal, expresado tradicionalmente por las dos serpientes entrelazadas (Imaginatio vera) propias del caduceo hermético, que también se expresa por la oposición-equilibrio entre hombre/mujer (Deseo)…Tales verdades universales las ha intuido y sabido plasmar nuestro escultor.

A toda ésta calidad singular en el concepto de lo que expresa la obra, se suma la pericia técnica y el oficio bien aprendido (tanto por su dominio del dibujo y el modelado como el de la talla directa), algo nada frecuente entre los escultores de su generación.

Fulvio Navarro