El lenguaje de mis obras es autónomo y silencioso, capaz de transmitir un mensaje sin explicaciones escritas, ni discurso conceptual, incluso sin colores, título, sin el autor.

 

Uso la representación del hombre, por dos motivos: por ser esta forma universal y comprensible; y por ser el hombre el más digno de los temas del arte, profundo y complejo, y cuando digo hombre quiero decir también mujer, cuerpo y espíritu.

 

Busco una expresión viva, fruto de la experiencia vital y la manera de entender mi tiempo, a través de un lenguaje conocido, que plantea actualmente el mismo problema desde la antigüedad, que es, en definitiva, como dar vida a la materia, mediante valores plásticos como el peso, la composición o el movimiento.

 

Mi escultura no quiere seducir con colores brillantes. Quisiera enamorar discretamente, sugerir una emoción que debe completar el espectador.

 

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Foto Xavier